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DILOFILARIOSIS EN PERROS Y GATOS


Es una infestación parasitaria causada por el gusano Dirofilaria immitis. Los gusanos adultos viven en el corazón del animal infestado (de ahí que reciban el nombre de “gusanos del corazón”) y/o en los pulmones, donde provocan una enfermedad de evolución lenta con graves síntomas cardíacos y respiratorios que, en ocasiones, pueden resultar mortales. El parásito se transmite por la picadura de mosquitos, y esta enfermedad se encuentra extendida por toda Europa, especialmente en el área mediterránea. El tratamiento es difícil, pero la prevención rutinaria en los animales de compañía resulta sencilla y debería llevarse a cabo en las zonas endémicas.
Los perros son los principales hospedadores de las dirofilarias, pero también los gatos pueden verse afectados. La infestación por dirofilarias en perros y gatos está presente en toda Europa y, en algunas zonas, supone una constante amenaza para la salud de las mascotas.

Los perros y gatos que viven o pasan sus vacaciones en zonas del área mediterránea, distintas zonas de playa o zonas endémicas corren el riesgo de resultar infestados.

Las formas adultas de las dirofilarias viven en el interior del corazón y de los grandes vasos sanguíneos que irrigan los pulmones. Los gusanos hembra que han sido fertilizados liberan minúsculas larvas (denominadas microfilarias) en el torrente sanguíneo. Cuando los mosquitos succionan la sangre del animal infestado, ingieren estas larvas que, en las condiciones climáticas adecuadas, se desarrollan en el interior del insecto y pasan a un nuevo estadio infeccioso. Así pues, el mosquito desempeña un papel fundamental como hospedadores intermedios, ya que las microfilarias sólo pueden ser infecciosas una vez han alcanzado esta fase de desarrollo en el interior del insecto.

Cuando el mosquito pica a otro animal, la larva (que tiene el tamaño de una cabeza de alfiler) penetra en el organismo del nuevo hospedador. La evolución que sigue el parásito a continuación difiere ligeramente en perros y gatos.

En los perros, la dirofilariosis es pues una enfermedad que afecta principalmente al corazón. Las dirofilarias adultas pueden vivir de 6 a 7 años en el animal parasitado. Durante varios meses (6-7 meses), las larvas que han infestado al animal se desarrollan hasta alcanzar el estadio de gusanos adultos, que son de gran tamaño y pueden llegar a alcanzar los 30 cm de longitud en el caso de las hembras. Estos gusanos se alojan en la pared de los grandes vasos que se dirigen a los pulmones (arteria pulmonar) y en las cámaras derechas del corazón, y al hacerlo provocan lesiones en todas estas estructuras anatómicas; cuanto mayor es el número de gusanos , más importantes son las lesiones que causan.

Los gatos son más resistentes que los perros a la infestación por dirofilarias ya que la mayor parte de las larvas que infestan a los gatos y los estadios posteriores del parásito no sobreviven hasta alcanzar sus formas adultas en estos animales. No obstante, y a diferencia de lo que ocurre en los perros, las dirofilarias no necesitan alcanzar su estadio adulto para causar lesiones en el animal. Las larvas alojadas en el aparato respiratorio pueden causar síntomas y procesos respiratorios. Si las larvas maduran y se convierte en gusanos adultos (normalmente pocos y más pequeños que en el perro), estos gusanos se alojan en la pared de los grandes vasos que se dirigen a los pulmones (arteria pulmonar) y en las cámaras derechas del corazón. Las dirofilarias adultas tienen un tiempo de vida más corto en los gatos que en los perros (2-3 años).

Infección temprana: Ninguno

Enfermedad leve: Tos

Enfermedad moderada: Tos, intolerancia al ejercicio y sonidos pulmonares anormales.

Enfermedad grave: Los mismos signos que en la enfermedad moderada y, además: dificultad respiratoria, aumento de tamaño del hígado, pérdida de consciencia, líquido libre en abdomen, sonidos cardíacos anormales y, en ocasiones, la muerte del animal.

En algunos casos, puede presentarse una complicación grave de la enfermedad, que se denomina síndrome de la vena cava, y que se debe a la entrada de las dirofilarias en la vena cava, uno de los grandes vasos sanguíneos que llevan la sangre al corazón. En este caso, los perros presentan síntomas de aparición súbita, que incluyen debilidad, colapso, pérdida del apetito y graves alteraciones en los análisis de sangre. Desgraciadamente, este síndrome suele ser mortal a pesar de que se realice un tratamiento.


. Síntomas generales, como letargo o pérdida de peso.

. Síntomas respiratorios similares a los del asma: dificultad respiratoria, jadeo, respiración con la boca abierta y tos.

. Síntomas gastrointestinales, especialmente vómitos (de comida o espumosos).

Estos síntomas son generalmente de duración corta, y pueden desaparecer a pesar de la persistencia de la infección, ya que los gatos parecen tolerar la enfermedad sin efectos patológicos aparentes. Si los gusanos adultos (en el caso de que las larvas hayan sido capaces de madurar hasta la forma adulta) empiezan a morir, pueden causar la aparición brusca de síntomas clínicos como convulsiones, taquicardia, síncope y, posiblemente, muerte súbita.

Dado a que el tratamiento es complicado y que el pronóstico es reservado dependiendo del grado de la enfermedad adquiere gran importancia la prevención.

Existen distintos fármacos y distintos modos de aplicación de productos preventivos,tú veterinario te aconsejará cual es el más apropiado para tu mascota.

Cuando un perro o un gato van a viajar a una región endémica (por ejemplo, las regiones mediterráneas), resulta aconsejable aplicar un tratamiento preventivo. Lo ideal sería que los animales de compañía que viven en estas zonas recibiesen, de forma periódica y durante todo el año, un tratamiento preventivo contra la dirofilasiosis. Antes de iniciar un tratamiento preventivo rutinario, es posible que el veterinario quiera confirmar que el animal no está ya infestado, para lo que realizará una prueba sanguínea.

El tratamiento preventivo debe empezarse un mes antes que empiece el período de riesgo, es decir un mes antes de la estación de proliferación de mosquitos o de realizar un viaje a una región cálida, y debe continuarse hasta administrar la última dosis un mes después de que haya terminado el período de riesgo. En las zonas de mayor riesgo es recomendable que los animales reciban el tratamiento preventivo (normalmente una vez al mes) durante todo el año.

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